129 días en manos de Hamás: el testimonio del terrorismo vivido por Luis Har

“Empezamos a escuchar que rompían los vidrios de las ventanas y de golpe los escuchamos adentro de la casa corriendo y gritando en árabe”. Así revive Luis Har los minutos antes de ser secuestrado el 7 de octubre, cuando terroristas irrumpieron en su kibutz y lo arrastraron a Gaza.

12.02.26
FDI

 

 

Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Luis Har, quien estuvo en manos de Hamás durante 129 días.

El 6 de octubre de 2023, Luis fue a dormir a casa de su pareja, Clara Marman, en el kibutz Nir Yitzhak. A las 06:29 de la mañana siguiente, el 7 de octubre, sonaron las primeras sirenas. “Eso significa que hay que ir al cuarto de refugio, se espera 10 minutos y se vuelve a salir. El 7 de octubre no fue así”, relata Luis. Las sirenas no dejaron de sonar y, al encender el televisor, vieron lo que parecía ser una masacre a través del país.

Poco después, vieron humo por la ventana y llamaron al equipo de seguridad del kibutz para revisar si había caído un misil. Cuando llegaron, los terroristas los emboscaron y asesinaron. Desde ese momento no quedó seguridad interna. “Empezamos a recibir mensajes de vecinos pidiendo ayuda porque había terroristas dentro de sus casas”, recuerda Luis.
Al poco tiempo, Luis, Clara y su familia escucharon a los terroristas dentro de la casa. Entraron disparando, rompiendo muebles y destrozando todo en su camino. “Comenzaron a sacarnos de manera muy brutal, jalándonos de la ropa y de los pelos”.

Cuando los terroristas los sacaron de la casa, comenzaron a ver que había gente en bicicleta por todo el kibutz, lo cual se les hizo raro ya que el kibutz estaba lleno de terroristas. “Cuando volví a mirar, me di cuenta de que no era gente del kibutz, sino civiles de Gaza”. Poco después llegó una camioneta y los subieron a todos juntos: Luis Har, Clara y Fernando Marman,Gabriela Leimberg y su hija Mia. Los trasladaron hacia la frontera y llegaron a Jan Yunis, donde un grupo de jóvenes los amenazaba con tijeras de podar, en un intento de linchamiento.

En un momento dado, los bajaron de la camioneta y los metieron a un túnel 40 metros bajo tierra; los terroristas los empujaban con sus armas. Permanecieron en ese túnel más de cuatro horas, corriendo hasta que los hicieron salir y al salir se dieron cuenta de que estaban en un gallinero. “Ellos hacen gallineros debajo de las casas, que es también la entrada a los túneles, les ponen tierra, es una alfombra con tierra que pasa desapercibida a la entrada a los túneles”, explicó.

Al salir del túnel, los llevaron a Ráfah y los metieron en un edificio donde los esperaban otros cinco terroristas. Luis los describe como bestias: uno de ellos se paseaba constantemente con el arma, riéndose y celebrando lo que Hamás había provocado el 7 de octubre en Israel, en un momento, el terrorista sacó un cuchillo y caminó entre ellos, rozando sus caras con la hoja mientras pasaba, “Eso nos introdujo mucha tensión, y mucho miedo, estábamos en una situación muy difícil ya que no podíamos hacer nada” recordó Luis. 
Cuando querían hacer cualquier cosa, incluso ir al baño o moverse dentro del lugar, tenían que pedir permiso a los terroristas. 

Eventualmente los trasladaron a otro edificio, una sala con varios sillones alrededor, una mesita y unos colchones a lo largo para separar a los hombres de las mujeres. Durante el cautiverio, varias veces Luis cocinaba para todos, pero la comida cada vez era más escasa. A veces les daban un poco de agua y, de vez en cuando, un pan de pita, que Luis tenía que compartir con Fernando. Durante ese período, Luis perdió aproximadamente 16 kilos.

Las condiciones higiénicas también eran escasas, se bañaban cada varios días, a veces semanas, y la hora del baño era incómoda ya que les daban un balde de agua para compartir entre todos.

Toda la información que recibían provenía únicamente de los terroristas. Les decían que todo Israel estaba en llamas e incluso que Irán estaba acabando con Israel. Cada vez que Israel y Hamás se reunían para negociar y no firmaban un pacto, los terroristas llegaban muy enojados, gritándoles. 

Tras 53 días de cautiverio, los terroristas les informaron que habría un cese al fuego e intercambiarían algunos rehenes por prisioneros, pero solo saldrían las mujeres. El día en que ellas fueron liberadas, un terrorista comenzó a grabarlos: “Teníamos que decir ‘qué bien nos han tratado, que ellos no son Dáesh, que se portan muy bien con nosotros y que somos amigos’. Me abrazaban”, recuerda Luis. 

Tras la liberación de las mujeres, el cautiverio continuó, el cese al fuego fue temporal y la incertidumbre volvió a instalarse en su rutina diaria. No sabían si serían los siguientes en ser liberados ni cuánto tiempo más permanecerían retenidos. Sin noticias del exterior ni información sobre su destino, el paso del tiempo se convirtió en una gran espera.

Una madrugada, una explosión los despertó. “Se sentía como una guerra dentro del cuarto”. Desorientado, corrió a refugiarse cerca de las escaleras, buscando un lugar más seguro mientras las balas atravesaban la habitación.

En medio del caos, escuchó la voz de Fernando llamándolo: “Luis, volvé para atrás, vení otra vez”. Cuando retrocedió, sintió una mano que le bajaba la cabeza y una voz que le decía: “Tzahal, Tzahal (FDI, FDI). Vinimos a llevarlos a casa”. Fue una operación conjunta de las Fuerzas de Defensa de Israel, el Shabak y la Policía de Israel. En ese momento Luis escuchó la frase “los diamantes con nosotros”, y esa fue la señal de que ya estaban a salvo.

Momentos después fueron trasladados en helicóptero al hospital Tel HaShomer, donde se reencontraron con su familia después de estar cautivos por 129 días. 
Su historia es testimonio del terrorismo de Hamás, pero también de supervivencia. Tras su liberación, decidió convertir esa experiencia en un mensaje: “Tikvá”, esperanza en hebreo, palabra que luego plasmó en una escultura como símbolo de fortaleza en la Plaza de los Rehenes.

El testimonio de Luis Har refleja no solo la violencia a la que fueron sometidos, sino también la resistencia y la esperanza que sintieron durante  129 días de cautiverio. Las FDI celebran su regreso y el de todos los rehenes, y reconocen la fuerza y el coraje demostrados durante su cautiverio.