“Por un lado, estoy cumpliendo nuestro sueño. Por otro, ellos no estarán aquí para verlo”.

El Subteniente O. perdió a su comandante y a su mejor amigo, ambos miembros de su equipo. Hoy asume la misión de entrenar a la próxima generación de soldados del Batallón de Reconocimiento de Golani.

25.02.26
FDI

En apenas unos pocos meses, un equipo del Batallón de Reconocimiento de Golani perdió a dos figuras clave. Aunque la pérdida sigue siendo reciente y el dolor nunca desaparece, los integrantes del equipo tomaron una decisión clara: recordarlos y seguir adelante con toda la fuerza. Ahora, O., soldado del Batallón, está por finalizar el curso de oficiales y se encamina a entrenar a la próxima generación de soldados del Batallón.

El Subteniente O. se sienta junto al mar en Netanya, donde el curso Gefen está realizando su semana de enriquecimiento, justo antes de completar su entrenamiento.

En ambos brazos lleva tatuajes diferentes: en el derecho, un sol y olas; en el izquierdo, una mariposa y un tigre. Explica que son homenajes a amigos que ya no están, recordatorios que lo acompañan cada día y que llevará consigo para siempre.

“Este es por Yam”, dice el Subteniente O. con una sonrisa, al explicar el tatuaje en su brazo derecho. El Sargento Primero Yam Fried, quien había sido su compañero desde el primer día en el ejército. 

Ambos iniciaron su servicio en noviembre de 2023, cuando se alistaron juntos en la Flotilla 13. Aunque fueron asignados a diferentes pelotones, se mantuvieron lo suficientemente cerca como para que el vínculo perdurara a lo largo del exigente entrenamiento.

“Yam era ese tipo de amigo al que quizás veías solo de vez en cuando, pero con el que uno se mantenía profundamente conectado”, recuerda el Subteniente O. “Muy rápido se convirtió en la primera persona a la que yo acudía cuando necesitaba hablar, consultar o desahogarme”.

Cuando cada uno fue transferido a una unidad diferente, enfrentaron un dilema similar: dónde continuar y cómo mantenerse en contacto a pesar de todo. “Yam fue asignado al Batallón de Reconocimiento de Golani, y yo decidí seguirlo. Él no creía que funcionaría, y yo le dije que ya vería que sí”. 

Y tal como lo prometió, dos semanas después, tras un esfuerzo persistente, el Subteniente O. se presentó en la unidad. “Fue como si mis piernas me llevaran directo hacia él”, cuenta. “Siempre supe que quería estar en la primera línea, liderar y cambiar la realidad. El hecho de que fuera junto a Yam solo confirmó que ese era mi lugar”.

Otra cosa unía a ambos: el deseo de formar a la próxima generación de soldados de combate. “Hablábamos constantemente sobre educación, sentido y liderazgo. Yam era un hombre de valores. Escribía, planificaba, pensaba y sentía profundamente. Yo salí al curso de comandantes, y él debía hacerlo en el siguiente ciclo. Lamentablemente, nunca llegó. Pero sé que, si hubiera sido comandante, habría sido uno de los más extraordinarios en las FDI”.

El 8 de mayo de 2025, el día en que Yam cayó en combate en Gaza, el mundo del Subteniente O. se detuvo. Aun así, logró recomponerse, decidido a mantenerse firme por sus soldados.

“Lo recuerdo como si hubiera sido ayer”, dice, al recordar aquellos momentos dolorosos. “Estaba en medio de la limpieza de armas con los reclutas cuando de repente recibí una llamada del equipo: “Yam resultó gravemente herido en una explosión en Ráfah. Su estado aún no está claro”.

Tres horas después llegó la segunda llamada: la que lo cambió todo. 

“Estaba de pie junto a mis soldados. Los compañeros me dijeron exactamente lo que temía: “Está confirmado. Murió”. Las lágrimas me cayeron de inmediato. Vi la expresión en los ojos de mis soldados. Lo entendieron, incluso sin que yo dijera nada”. 

 

Desde ese momento, su forma de ejercer el mando cambió. En lugar de ocultar su dolor, decidió afrontarlo abiertamente junto a sus soldados.

“Para mí, la decisión fue clara: no glorificarlo y no minimizarlo. Mirar a mi equipo a los ojos y decirles: este es el precio. Esta es una oportunidad dolorosa para mostrarles qué significa ser un soldado en el Batallón de Reconocimiento de Golani y cuál es el costo de estar en primera línea”.

Esa misma noche dio el primer paso en su camino personal de recuerdo. “Escribí un discurso para Yam. Quería que todos escucharan sobre él, que supieran quién era y qué clase de soldados hicieron posible que estuviéramos aquí”, dice con sencillez. Y no terminó allí. “Más tarde salimos a una marcha y, al final, leí el discurso a mis soldados”.

Su deseo de salir al curso de oficiales, que ya empezaba a tomar forma, cobró un impulso decisivo. Cuando llegó la fase de preparación para el curso y mientras el recuerdo de Yam seguía acompañándolo, otro golpe lo sacudió: la caída de su comandante de pelotón, el Capitán Reei Biran, en combate en Jan Yunis.

“Era el 10 de julio de 2025. Estaba a solo unos días de comenzar el curso. Y entonces llegó la noticia sobre Reei”, relata. 

“Tenía una combinación de autenticidad, seriedad y determinación, y al mismo tiempo una sensibilidad profunda. No era un comandante por su rango. Ante mis ojos, era el mejor comandante de pelotón de las FDI”.

El Subteniente O. levanta la manga de su brazo izquierdo y deja al descubierto el segundo tatuaje, una mariposa y un tigre, en memoria de Reei. “Él era exactamente esa combinación: agudo, imponente y fuerte, pero al mismo tiempo sensible y empático”.

En ese momento, el Subteniente O. vuelve a una promesa que hizo incluso antes de ingresar a la escuela de oficiales, durante un encuentro con la familia de Yam.

“Un mes antes de salir al curso nos sentamos juntos, y les dije que mi equipo se llamaría “Equipo Yam”, en su memoria”. Hace una pausa. “Y entonces Reei cayó, y de repente ya son dos personas en la ecuación, y ambas influyen en el líder que aspiro a ser”.

Mientras mira hacia el rol que lo espera en el horizonte, comandante de pelotón de reclutas, el Subteniente O. ya sabe exactamente qué se llevará de cada uno de ellos:

“Abro un pelotón con Yam a mi derecha y Reei a mi izquierda. Yam representa la amistad, la humildad y la alegría. Reei representa la responsabilidad, la sensibilidad y la competitividad. Ellos son la esencia del comandante que quiero ser y, más importante aún, de la persona que elijo ser”.

En la ceremonia de graduación en la escuela de oficiales, cuenta, estarán presentes las familias de Yam y de Reei para acompañarlo. Algo en su voz cambia al mencionarlo. Lo que debería ser un detalle alegre y reconfortante también resalta aquello que falta.

“Por un lado, estoy cumpliendo nuestro sueño. Por otro, ellos no estarán aquí para verlo. Pero hay algo que sí sé: todo lo que construya de ahora en adelante, lo construiré con ellos, guiado por su luz y en su mérito”.